Fingir un orgasmo es lo peor. Todos los manuales de urbanidad sexual coinciden. No hay que dejar de lado los aspectos comunicativos de la sexualidad, hay que aprender a decir las cosas, con mentiras no se va a ningún lado. Sin embargo, a veces no te queda otra.

En alguna ocasión, muchos nos hemos visto en la obligación de fingir y terminar de una vez con el tema. Porque sí, los chicos también fingimos. El imaginario colectivo, los chistes en televisión, radio, comentarios entre amigos suelen pensar en el orgasmo fingido como una práctica exclusivamente femenina, cuando en realidad el preservativo permite más de una maniobra de distracción y engaño. Tres empujones más fuertes de lo normal, un par de gemidos (sin caer en exageraciones ni dramatismos) y asunto concluido. Si además, por regla general, eres hombre comedido y sobrio en palabras y efusiones en momentos de éxtasis, la cosa es aún más fácil. Con los movimientos pélvicos ya descritos, te basta y te sobra.

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